4 momentos Dylan

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Sostengo que Bob Dylan está subvalorado desde hace, por lo menos, diez años. Pero como nadie me lee (mucho menos los suecos) no cometeré el triste error de atribuirme una influencia que no poseo. El problema es  que no termino de resolver mi conflicto interno acerca de si tanta subvaloración no derivó en efecto rebote y llegamos a un reconocimiento inmerecido que, en mano de los encargados del premio, es esperable.

Mi primer momento Dylan fue en una revista de Rock. Supongo que La Mano o Inrockuptibles (la Rolling Stone ya se había convertido en la revista vacía y superficial que es). Lo conocía. Si habías escuchado la versión de Knocking on Heaven’s Door de Guns o Like a Rolling Stone hecha por Hendrix, lo conocías. Pero en la revista había todo un mundo por descubrir del que ni siquiera sospechaba. Después bastó con buscar y darme cuenta que había influido en toda la música que venía escuchando.

El segundo momento Dylan fue en la entrevista que le realicé a Alfredo Rosso en el año 2006. Me decía que coincidía con la falta de valoración hacia Dylan pero que esa falencia solo se daba en Argentina, ya que en USA era considerado como un gra
nde, algo que yo no podía afirmar ni descartar. Tercer momento Dylan: sucedió en un reproductor de DVD ajeno que tenía el Unplugged de Mtv girando y el disco se fue conmigo  esa misma tarde. Ahora mi Philips lo reproduce de memoria. Pero mi momento Dylan decisivo fue el cuarto: se dio en la biblioteca pública de Manhattan, en la manzana del Bryant Park, cuando una brasilera me llamó la atención (era muy linda) en la sala de lectura. Yo busqué cualquier excusa para sentarme cerca y la excusa fue una antología de la poesía americana, aunque era solo estadounidense (siguen sin entender que americanos son todos los que viven en este lado del charco), en la que buscaba algo sobre T. S. Eliot. Lo realmente paradójico era que no había una entrada sobre T. S. Eliot pero sí sobre Bob Dylan y yo había conocido al primero gracias al último porque lo menciona en la canción Desolation Road. Y aunque no es raro que los estadounidenses inflen a su gente por encima de sus capacidades, comencé a darme cuenta de que tenía más talento del que yo imaginaba. (No se ilusionen: la brasilera nunca sacó la vista de su lectura así que jamás me registró).

¿Pero el premio Nobel? Si tenemos en cuenta que galardonaron a Churchill, se lo negaron a Borges por cuestiones políticas, a Sábato por no tener una producción importante (dicho por él mismo a Borges en el libro Diálogos) y condecoraron con el premio de paz a gente que tira bombas, que le den el premio a Dylan hace bob-dylansuponer que los muchachos recuperaron el rumbo… o siguen sin encontrarlo. Sin embargo, lo que me genera mayor inquietud es que siempre me río del premio Nobel y cada vez que lo gana alguien, lo pongo en mi lista de gente que no voy a leer o me sonrojo porque ni siquiera conozco al ganador. Es como si la literatura se hubiese convertido en un circuito de 15.000 intelectuales y los suecos, por supuesto.

Antes de seguir, quiero decir que me alegra que no lo haya ganado Murakami. No sé, el japo no me gusta, no le encuentro gracia. Y eso que lo leí más que al mismísimo Dylan. Claro, opinar sobre un premio al “mejor escritor” basado en lo que te gusta es muy pero muy mediocre. Eso vale para cualquier premio al mejor de algo. El que se precia de ser un buen crítico, ante todo sabe ser tan objetivo como la subjetividad le permite. Si lo ganaba Murakami, habría reclamos mundiales porque la mayoría no lo conoce o lo lee y no lo entiende (como yo) y el premio se quedaría dentro de esa cofradía a la que la humanidad queda excluida. Al ganarlo Bob Dylan, conocido por cualquier aficionado, el reclamo consiste en la tendencia populista de los suecos, aunque la mayoría sigue sin leerlo.

Ya van diez días de la premiación y el galardonado aún no contesta. Los suecos se están poniendo nerviosos pero el premio está asignado, el dinero no aporta gran cosa a la vida del músico y yo, fiel a Dylan, sigo sin expedirme a favor o en contra de la premiación. Pero tengo que cortar acá. La cosa sigue abierta y me queda terminar más textos, de esos que solo leen algunos.

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