De para qué sirve la Filosofía o por qué cultivar otras áreas en las escuelas técnicas

A veces me preguntan para qué sirve la filosofía y la Filosofía. Una, como una actividad de pensamiento y reflexión. La otra, como disciplina.
Casi siempre rechazo la conversación por dos razones. La primera, porque entiendo que el que pregunta está movilizado por su deseo de pelear conmigo o de invitarme a un sendero de pensamientos en el que no quiero caminar. La segunda (y más común), porque la persona que me pregunta me importa un carajo.

Todas las disciplinas tienen en su trasfondo una concepción del hombre. La medicina, la biología, el derecho, la economía y otras tantas disciplinas que dan vueltas por el mundo, tienen una idea del hombre.
¿Qué es la justicia? ¿Qué es un hombre de derechos? ¿Un sujeto económico? ¿Qué medicina queremos hacer para el hombre que queremos curar? En el fondo, el hombre. Y la pregunta por el hombre, es filosófica.
Hoy tenemos un debate profundo porque se pretende modificar la currícula en las escuelas técnicas. Lo alumnos se oponen a perder horas de taller por incorporar materias de las humanidades. Pienso que tienen razón. En lo que no hay razón es en no enseñarles a ver desde otra perspectiva y en educarlos desde otros parámetros. No enseñarles a los técnicos más dimensiones de lo humano, además del técnico; a verse en un sentido histórico más allá del martillo; a entender el mundo del otro dejando de lado las cotas; tiene un riesgo, porque no es educar, es capacitar. No es la educación como liberación, es técnica. Que los chicos y grandes se pongan en contra de otras incumbencias de lo humano, significa que el modelo tecnicista triunfa aún. La música y el taller van de la mano.
Lo jodido, lo verdaderamente jodido, es que quieran seguir limitando la educación técnica y restar de un lado para sumar de otro.

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