Escritores se recomiendan – (Introducción)

Cuando alguien me pregunta qué recomiendo leer, me siento desdichado. “Dale, recomendame un libro”, me preguntan. Si esa pregunta se hace a lo paracaidista en una fiesta, entonces me asusto. Ahí entiendo que mi interlocutor quizá alguna vez haya leído a Mafalda. Con suerte, un libro de Fontanarrosa. El que pregunta no dice qué le gusta, qué lee ni por qué. Sólo quiere un libro.
El primer inconveniente es que el placer es absolutamente subjetivo. Lo que me gusta no tiene por qué gustarle a otro. A eso, hay que sumarle que no voy por la vida con una lista en el bolsillo de escritores o de libros brillantes esperando que alguien me pregunte para responder, con tono grave: “Casualmente traigo una seleción en el bolsillo”.
Acto seguido, tenemos que saber qué queremos leer. Porque, claro, no es lo mismo leer la biografía de Mirtha Legrand que los poemas de Belén Francese (que, por cierto, quien escribe estas líneas no tiene ningún tipo de interés en leerlos y espera no tener que ser sometido a eso).
Por lo tanto, el fin y único objetivo de esta entrada es acercar al lector a escritos y autores que de alguna manera me impactaron o me conmovieron, sabiendo de antemano que encontrar el escritor favorito supone conocer más de uno. Agrego un detalle, quien escribe estas líneas no lee poesía ni teatro. Incluso el terreno de la novela es algo que conoce muy superficialmente. Lo que sigue, se cae de maduro: mis recomendaciones estarán ligadas de manera absoluta a mis intereses, es decir, a cuentos cortos, ensayos y alguna que otra novela. No encontrarán “texto y contexto”. Las cuestiones académicas quedan sujetas a mis caprichos, que son muchos.
Si estas bases están claras; si estos principios rectores no molestan al lector; entonces sí, dediquémonos a bucear en las letras y elegir qué será lo próximo que nos ayudará a soportar la existencia. Bienvenid@ al mundo de los libros.

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