La muerte y yo.

La muerte nos persigue y durante toda la vida nos estará acechando, buscando el momento indicado para decidir nuestro fin. No importa qué pasa en el medio, no importa qué tan interesante es tu vida o la mía. Nos vamos a ir y estamos indefensos. Somos tan ínfimos que ni siquiera salimos por nuestros medios… nos sacan en camilla, con los pies hacia adelante.  Lo único que nos queda por hacer es elegir cómo vamos a pararnos frente a la inevitabilidad de la muerte.

Heiddeger sostenía que la única forma de vivir una existencia auténtica era tomar conciencia de muerte. Esto no quiere decir simplemente que sepamos que tenemos un fin; esto implica tener una experiencia en la conciencia, una vivencia de muerte aún en vida, de nuestra muerte, en la que nuestro fin es tan patente que nos obliga a pararnos de frente a la existencia. La muerte nos iguala, siguiendo a Heidegger, en un mismo fin igual para todos. El  hombre como un ser arrojado en el mundo, condenado a ser libre como sostenía Sartre, comparte con el resto de los hombres un destino común: morir. Cuando experimentamos su cercanía, entonces se aborda el tiempo que nos queda de otro modo al que lo veníamos haciendo y con otra instensidad. Esto no implica que cambiemos de rumbo ni de vida, si no que nuestras vivencias se viven con más presencia y conciencia de vida.

Y Camus expresó esta suerte diciendo que la filosofía tenía como objetivo responder una sola pregunta: ¿Por qué no el suicidio? Si es cierto que las personas son felices en algunos momentos de sus vidas, si es cierto que durante la mayor parte del día una persona invertirá su tiempo en conseguir recursos para subsisitir, entonces: ¿Qué tiene de interesante la vida para que no valga la pena el suicidio? El escritor uruguayo Onetti, al ser interpelado por un periodista que le sugirió el suicidio, contestó: “¿Por qué no prueba usted y después me cuenta si lo que hay del otro lado es mejor que esto?”. Y aquí estamos hablando de la certeza acerca de la muerte, pero existen un sin fin de preguntas respecto del después. Y será nuestra actitud, nuestro posicionamiento frente a la muerte, paradójicamente, lo que dará la pauta para nuestra pelea en la vida. La presencia de la muerte se transforma en una experiencia vital que nos prepara, precisamente, para vivir. Podemos vivir escapando de la muerte (siendo para Rousseau imposible enseñarle a vivir a alguien que se contenta con semejante actitud), podemos vivir arriesgando cada minuto, sabiendo que, si igual vamos a morir, entonces trata de que nuestro paso por este lugar al menos valga la pena.

¿Ser religioso, ateo o agnóstico? Nada más falso que suponer que alguna de estas posiciones tienen la respuesta. Existen creyentes aterrados por la muerte, evitándola de cualquier modo y entrando en crisis de fe cuando la muerte se lleva a uno de los padres, al hermano o a un hijo. Otros entienden que el ateo o el agnóstico la pasan mejor porque no temen una justicia divina, cuando en muchos casos el hecho de no creer en un Dios o suspender el juicio acerca de su existencia implica que esta vida es lo único que hay y que es la única posibilidad de ser felices en toda la eternidad.

La pregunta fundamental acerca de qué hacer con la existencia propia es, siguiendo a Kierkegaard, universal, pero a la vez su respuesta es subjetiva y, por lo tanto, individual. Se convierte así la muerte (tomándola como lo venimos haciendo) en afirmación de vida, porque plantea al hombre libre (responsable de sus actos) frente a la aniquilación de su existencia (al menos terrenal) y, por lo tanto, frente a la decisión principal: “¿Qué hacer de este ser arrojado en el mundo que soy yo?”.

No importa lo que hagas, no importa con quién. Lo que importa es que el tiempo te arrastra suavemente como un río de llanura hacia su cauce fatal. Lo que importa es que en cada elección se está yendo la vida, tu vida, la mía. Las acciones cimientan la existencia y la justifican. Elegir implica dejar de lado múltiples posibilidades por una sola elección… que te cuesta vida. Lo que hacés hoy: ¿vale tu vida?

One Reply to “La muerte y yo.”

  1. “¿Qué hacer de este ser arrojado en el mundo que soy yo?”.

    todos los días me surge esta pregunta. Está muy bueno el tema para hablarlo León, y creo que has puesto bien cada opinión.

    eso que estás haciendo vale la vida??? me gustó como terminó

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