La revolución siglo XXI.

Amo las minitas y los vaguitos. Esos seres llenos de revolución, de ideas progresistas.
Amo a esos que convocan sus marchas desde el Blackberry porque el Iphone es de cheto. Los amo porque van al recital de La Renga (que estuvo sarpado) con el pantalón Adidas de las tres tiras etíopes y comparten sus fotos de 16 megapixels en el Face.
Los amo victimizados en sus trabajos para la corpo opresora, por el modelo consumista, porque hay que ajustar para pagar la cuota del 0km.

Me enternecen cuando piden un par de rocanroles y un porro para fumar. Y si, me encanta ese momento sublime en el que quieren matar un rati para vengar a Walter y que en Argentina sea carnaval.
Yo espero sinceramente la revolución, pero me asusta un poco. No sé, no me convence ver al policía muerto, las banderas de Oktubre-Guevara-Evita-Marley-Mao todas en un mismo lienzo, gritando las acciones desde el BB, dictando sentencia en tribunales para los viejos reaccionarios, o coordinando la producción con la carita tan simpática del fasito, o del idiota, que en ocasiones es la misma.

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