Lucrar Derechos Humanos

El negocio de los bebés es redondo y lucrativo. Apareció como  ayuda para que los que no pueden tener hijos biológicos, los tengan.  Aunque los primeros resultados positivos de la fertilización asistida produjeron un revuelo en la ética, el deseo y el mercado son más rápidos que la filosofía y sus respuestas, siempre cuestionables. ¿Hasta qué  punto es lícito influir en el curso de la naturaleza y de la evolución? ¿La posibilidad de generar descendencia es una cuestión económica, biológica, jurídica y/o técnica? Lo importante es que la técnica avanza de la mano de la utilidad y del resultado: si funciona, se avanza. Así que una vez consolidadas las posibilidades técnicas y presentado el negocio, se trata de dar a conocer la noticia, mostrarte como se puede lo que no se podía y esperar la dinámica de siempre: los que pueden pagar el tratamiento muestran fotos de familia feliz, los menos favorecidos económicamente reclaman que no es justo que tener familia sea cuestión de ingresos, vienen las marchas, proyecto al Congreso, ley y derecho concedido (dentro de la amplísima definición de salud que utiliza la OMS, no tener tetas, hijos o celular podrían ser considerado como ausencia de salud).

Las obras sociales se ven obligadas, por ley, a presta el servicio y, finalmente, tener  familia es para todos los que la deseen. Pero todavía hay más, porque atrás del laboratorio que provee la tecnología hay negocios subsidiarios: el que provee esperma, la que alquila el vientre y los que seleccionan la raza. Podés elegir color, CI, altura y otras características ya descriptas  por Aldous Huxley en “Un mundo feliz”. O sea, lo que sea hace con las vacas, también se hace en humanos y elegís el pedigree del que vendrá. Algo así como convertirte en un nazi a escala individual: elegís que porte tus genes o los que te parezcan mejores según vaya a saber qué criterios.

Pero como yo me dedico a emprendedores sin mucho dinero y a pequeñas empresas, hoy quiero jugar al oráculo y vaticino el paso siguiente, para que los progresistas preparen las pancartas y las movilizaciones y todos lo vayamos pensando, armando el debate que viene y el plan de negocio que necesitamos. Porque si no tenés esperma u óvulos, los compramos. Si no tenés vientre, te alquilamos uno. Si el proceso tiene que hacerse fuera del cuerpo de los padres biológicos, tenemos el laboratorio. Las leyes están en camino y el capitalismo nos abrió el paso cuando nos mostró, junto a sus ideólogos amparados en cuestiones que no eran del mercado, a tomar el cuerpo como propiedad privada y a hacer uso de él como gustes (tatuajes, sexo, piercing, mutilaciones, implante y lo que no se nos ocurre) y a ser dueño de todo lo que produce y deshecha: ideas, heces, órganos y chicos. Cuando el aborto sea legal en todo el mundo y no esté claro cuándo hay persona, el vacío legal nos permite la próxima jugada, un nuevo mercado por explorar para aquellos fértiles que pueden concebir y tienen vientre fuerte: el criadero de chicos. Así, como el de los perros, pero de niños. Porque sería injusto que no dejen participar del mercado jugoso de las familias a los que pueden ahorrar todo el proceso y resumir todo la parafernalia tecnológica en una o dos personas que pueden poner el esperma, el óvulo, el vientre y dar al chico vivo, sano y destetado. Seguramente alguien protestará al principio y las obras sociales tendrán requerimientos de salubridad perfectamente entendibles pero se verán obligadas que integrarlos a la carta de proveedores. Porque sería marginar a los que pueden del derecho a participar en el mercado (ocupado por las corporaciones) de los que no pueden. Y no digan que nadie avisó, el próximo paso ya está escrito en la historia de los últimos 100 años de humanidad occidental. Sean saludables y prepárense para el negocio que viene. En el capitalismo también se usan los derechos de las personas para generar nuevos mercados.

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