Manual de instrucciones para acompañante (copiloto) de viajes

Elegir un copiloto para un viaje es un oficio, una especie de casting automotor. El piloto tiene la no poca responsabilidad (y tensión inherente) de leer la medida de todos los instrumentales (si no se ocupó también de dejar el auto en condiciones), de prestar atención a la ruta, de los accidentes del camino, de los que vienen y de los que van. La función del piloto es básica, pero vital: llegar a destino sin accidentes y en las mejores condiciones posibles (tanto del auto como de sus ocupantes).

Pero no estamos hablando acá de la función del piloto, si no la del acompañante. Y digámoslo de una vez: el copiloto no puede ser un pelotudo que va echado mirando el paisaje. Si bien su función no es vital,  sí es trascendente: su tareas es hacer el viaje ameno y cómodo. Debe sebar el mate antes de que el piloto lo pida. Debe ofrecer una galletita antes de que el piloto declare el hambre. Debe proponer la parada antes de que el piloto se canse. Porque esa clase de persona que viaja en el asiento de atrás disfrutando del mundo no puede ir al lado del conductor. Alguien así está de turismo antes de empezar, como si hubiese pagado un pasaje, mientras el cinturón de seguridad le da la falsa sensación de que nada puede pasarle.

Por eso en esta oportunidad ofrecemos una lista de cosas que el copiloto debe atender con probada eficiencia:

  • Mate: no puede faltar. Antes de cargar el auto, este artículo es primordial. El copiloto debe tener el agua caliente, la yerba necesaria, un recipiente o bolsa para tirar la yerba usada y un repasador.
  • Provisiones: pasar hambre en el viaje es desesperante. Debe haber previsto las galletitas, el pan o el refrigerio pertinente para que las paradas en el camino sean necesarias y placenteras.
  • Música: el copiloto no debe permitir que el conductor desatienda sus asuntos. Debe tener un repertorio acorde al clímax del viaje y a las necesidades del conductor, logrando por efectos musicales ponerlo de buen humor, despertarlo o calmarlo cuando un tarado hace una maniobra arriesgada.
  • Conversación: la capacidad de generar conversación es importante. Entiéndase bien, conversar no es hablar todo el tiempo, si no compartir lo que hay para decir. Es un diálogo, los dos participan, evite el copiloto atormentar al conductor con anécdotas estériles o comentarios de verdulería.
  • Mapa: si el copiloto excede con creces a la media del universo de los acompañantes, entonces tendrá preparado un mapa o conocerá el recorrido de antemano advirtiendo las maniobras con claridad.

Pero si el lector creía que todo terminaba aquí, estaba equivocado; porque una vez que se llega a destino, la misión no culminó. Es función del copiloto escuchar atentamente los elogios que recibirá el conductor por haber llegado sin inconvenientes, ser testigos de las quejas por el cansancio y el dolor de tal o cual hueso, afirmar las proezas del conductor (si las hubiere) por el tránsito difícil, la lluvia incesante o el calor sofocante.  El copiloto no espera recompensa. Su triunfo es pasar desapercibido cumpliendo  con su deber y, mientras abrazan al conductor, bajará el bolso con el mate y los restos de la travesía. La tarea es enorme, la recompensa, escasa. Pero para hombres de mucho valor y entrega han sido generada las grandes empresas. Ánimo compañer@, que si ustede trabaja por los laureles, entonces debería aprender a manejar.

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