Nadie sabe donde, pero la culpa es de otro

Hay un consenso general acerca de la pobreza: es mala, no ayuda al desarrollo de las personas, es injusta y otras más también. Rara vez alguien sostendría que la pobreza debe existir y que, en caso de deber existir, sea buena. Pero si preguntamos quién es el responsable de la pobreza, la respuesta muere en un silencio sin eco.

Siempre alguien tiene la culpa. El político, los empresarios, tal vez los militares o, por qué no, los empleados públicos y los mismos pobres. ¿Quién se hace cargo de la pobreza? Nadie. ¿Quién se ocupa de su triste lugar? Nadie. Y ese nadie es tan general como vergonzoso. Nadie explota a sus empleados, nadie se roba las hojas de la oficina, ningún empleado público se declara incompetente, ningún chofer de colectivos asume infracciones ni destratos, ningún pasajero escribe los asientos, ningún jugador de fútbol va para atrás y así podemos hacer una lista se hace interminable.

La pobreza se genera todo el tiempo en todos los lugares. En el despacho de un funcionario público, en una oficina de gerencia, en una casa y así la lista se hace interminable también.

La noticia es que la pobreza avanza con muy poco: simplemente no haciendo nada para que retroceda. ¿Dónde juega tu lugar de pobreza hoy?

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