Se fue Fernando Peña

Respetaba mucho a Peña. No sé si me gustaba del todo lo que hacía, pero fue sincero, y lo fue al punto de que muchos no podían escucharlo. “La gente pide sinceridad, pero no puede soportarla” lo escuché decir en algún reportaje. Se arriesgó a ser él, a no callarse por lo que pudieran decir quienes lo rodeaban. A muchos no le gustaban sus formas, su desapego a la vida y por eso no podían soportar el extremo de sinceridad que expresaba cada vez que podía, y podía porque tenía sus programas, porque quería y decía lo que muchos hubiesen callado. Siendo homosexual, abrió la boca y dijo contra Guido y Oggi: “Estos putos de mierda que aparecen en la tele me dan asco”.

Los que pudimos valorar lo que tenías para decirnos, vamos a extrañarte. Los que sabíamos que no ibas a llegar a viejo porque era mejor el suicidio antes que andar con un bastón, sabíamos que no amagabas, que la vida siempre había sido un acontecimiento prescindible. Los que no dramatizamos la muerte, entendimos por qué hiciste lo que hiciste y sabemos cómo fue tu paso para andar derramando lágrimas. “No hagan boludeces”, nos hubieses dicho si a alguno se le daba por lagrimear. No nos quedan despedidas pendientes porque la tuya terminó con todas nuestras expectativas. Cuando tu cuerpo dijo basta, nuestra memoria te recibía. Chau, pelado.

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