El límite de la empresa y qué hacer con él

Todas las organizaciones tienen límites. Como sistema abierto que intercambia con el entorno materiales, productos e información, el límite de la empresa puede estar dado por factores externos o internos. Los límites pueden ser más o menos flexibles y, en muchas oportunidades, superarlos puede ser todo un desafío, como es el caso del límite de crecimiento. A su vez, el límite de la empresa puede ser actual como potencial. Esto significa que el límite puede palparse hoy mismo, en la actualidad o que el límite está en el horizonte temporal, es decir, podemos preverlo en un futuro cercano, mediano o largo.

Límites externos y ajenos a la empresa

Cuando los límites de la empresa son externos, son difíciles de cambiar o de expandir. Estamos hablando de factores climáticos, geográficos, regulatorios, competitivos, demográficos y culturales. Es más fácil, por ejemplo, vender tacos en México que en España, Colombia o Argentina. Es más fácil vender helados en verano que en invierno. Es más difícil colocar productos destinados a adolescentes en sociedades muy envejecidas o artículos de lujo en ciudades con elevados índices de desempleo y pobreza. El límite de la empresa, en estos casos, vienen de afuera y con variables que difícilmente podemos controlar. Algunos ejemplos:

  • Climáticos: épocas de lluvia, estaciones del año, aridez y fertilidad del suelo.
  • Geográficos: facilidad de acceso, rutas navegables, rapidez de la logística, belleza turística, entre otros.
  • Regulatorios: leyes específicas del sector o para las organizaciones. Impuestos, tarifas, etc.
  • Competitivos: presencia de competidores, productos sustitutos y otras situaciones referentes al mercado y a la competencia.
  • Demográficos y culturales: edad media de la población, sensibilidad al diseño, costumbres, patrones morales, ingreso medio de las personas y más aspectos que afectan a las personas y sus vínculos.

En este caso, lo mejor es conocer estos límites y convivir con ellos. Difícilmente podamos hacer algo para cambiar la situación pero mucho para adaptarnos y tratar de ver oportunidades.

El límite interno de la empresa

En este caso las limitaciones se deben a factores internos de la empresa: la capacidad instalada, el espacio disponible, la calificación de las personas que trabajan en la empresa y el tamaño de la cabeza de quienes la dirigen (figurativamente hablando, claro), entre otros.

Es claro, por ejemplo, que si tenemos una máquina que produce hasta 50 piezas por hora y cada 5.000 piezas la máquina requiere mantenimiento, el límite de la empresa está dado por la cantidad de horas que la máquina esté en funcionamiento y del tiempo que lleve el mantenimiento.

Ahora bien, si nuestra producción necesita almacenarse en un depósito y nuestro depósito solo tiene 200m2, entonces el límite está dado por este galpón y será prioridad rotar el inventario lo más rápido posible pero, aún así, el limite está claro.

  • Tamaño de planta, oficinas y construcción en general: a medida que crece la operatoria, se ocupa la capacidad del lugar hasta que llega al límite. En ese momento se deja de crecer, se amplía la construcción o se realiza una mudanza
  • Capacidad productiva de las máquinas: el límite viene dado por la cantidad de piezas que pueden realizarse por unidad de tiempo, el tipo de mantenimiento que debe realizarse y el tiempo empleado en el mismo.
  • Capacidad de las personas: a veces el personal no está lo suficientemente calificado o la tecnología implementada requiere de capacitaciones específicas a las que puede acceder cualquier persona. En este caso se subocupa la tecnología, se invierte mucho en capacitación o se elige no crecer y permanecer con tecnologías subóptimas.
  • Layout o distribución: la forma en que se realizan los procesos no permite más de una cantidad específica de actividades simultáneamente. Un cambio puede ser clave para expandir el límite de la empresa pero, también, puede incluir todos los puntos anteriores.

Los límites internos nos ponen un techo a nuestra capacidad de trabajo pero nos deja un margen de acción: podemos hacer cosas para que ese límite se expanda.

Sin embargo, existe límite interno más sutil y menos evidente. El mismo está dado por una persona (o varias) que dirige y toma decisiones; decisiones que se apoyan en sus ideas, visiones y valores. Sus propios límites determinan, entonces, el “techo” de la empresa. En otras palabras y como decía anteriormente: el límite de la empresa está dado por el tamaño de sus cabezas.

El límite de la empresa debido a las decisiones de sus directivos

límite de la empresa

Este límite de la empresa es muy difícil de superar si quienes están en posiciones de liderazgo no pueden reconocerlo y pedir ayuda o hacerse a un lado. Aunque las personas cambian, no lo hacen porque nosotros queremos ni en el momento en que la empresa lo requiere. Cambian porque necesitan cambiar, porque estar en el lugar en el que están les hace daño y por otras razones que no necesariamente tienen que ver con nuestros deseos ni con los tiempos de la empresa.

Incluso en el caso de que toda la organización note que una persona traslada sus límites a la empresa y la perjudica, si esa persona tiene poder de decisión, no quiere cambiar y no será removida de su puesto (puede ser la dueña, por ejemplo), entonces la organización ha encontrado su límite. En este caso, el límite de la empresa está dado por el límite de las personas que la dirigen.

¿Qué hacemos con el límite de la empresa?

Con los límites externos es poco el margen que nos queda y la estrategia es del tipo adaptativa y de aprovechamiento de esas limitaciones.

En cuanto a los límites internos, acudir a profesionales especializados, replantear las alternativas y planificar inversión son una buena manera de hacerse cargo de las limitaciones.

¿Qué hacer, entonces, con esa persona que pone límites a la empresa? No existe una fórmula única o definitiva. Una opción es no hacer nada. Otra opción es abandonar la organización. Claramente, entre ambas decisiones, hay una serie de acciones disponibles.

Es importante señalar que las personas hacen lo que hacen porque en algún sentido les está aportando un beneficio. Descubrir qué cuidan y por qué lo hacen nos permite pensar formas de abordar situaciones sin que sea una situación tensa o desagradable. Por ejemplo, una persona que acapara muchas actividades puede sentirse imprescindible de este modo, puede necesitar sentirse ocupada o puede pensar que los demás no harán un buen trabajo. En cualquier caso, los procesos se demoran mientras resuelve todas las tareas. Detectar esto nos permitirá proponer soluciones (¡aunque muchas veces no sepamos plantearlas!) que permitan mejorar los tiempos y que, al mismo tiempo, no atenten contra su necesidad de sentirse útil, de estar atareada o de exponerse a un trabajo deficiente.

Cualquiera sea la decisión que tomemos, cualquier opción disponible, también tiene un costo y un beneficio para nosotros. Tal vez no podamos ir más allá de quienes deciden, pero es nuestra responsabilidad encontrar el mejor equilibrio para nuestro bienestar y actuar en consecuencia.

Si estás en esta situación, tenemos algo para proponerte.

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